Sergio «Maravilla» Martínez, el atípico boxeador está de vuelta

A Sergio Martínez (Quilmes, Buenos Aires, Argentina, 21 de febrero de 1975) cualquier adjetivo exagerado se le queda pequeño. Incluso el suyo, el de “Maravilla”. Sabe muy bien que la fama corta por los dos lados: ha vivido lo que es ser noqueado sobre un ring y también la euforia de bajar de allí como campeón del mundo. Por eso relativiza y habla de esas experiencias rebajando un par de grados la intensidad. En el brazo izquierdo lleva tatuada la palabra “victoria” y “resistencia” en el derecho, dos conceptos que son los pilares de su vida junto a la de «esfuerzo»  

«Para ser número 1 tiene que haber talento, pero realmente el talento es mínimo. Lo que hay es una cantidad de horas de trabajo, dedicación y pasión por lo que estamos haciendo»

Y sí, tiene la nariz chata, pero su mirada tasadora, intuitiva, y su aspecto de opositor aplicado le alejan del estereotipo de boxeador (tosco, inculto e incapaz de encadenar varias frases) Sergio ha aportado cultura y glamour al boxeo, es reflexivo, golpea con sus frases igual que con sus guantes en el ring, posee una mente prodigiosa -capaz de recordar cientos de fechas y detalles concretos-, escribe poesía, hace monólogos, protagoniza una obra de teatro y se refugia en la lectura. No en vano, dedicó sus primeros ingresos a comprar libros de Cortázar. 

Yo siempre pienso en una frase de José Larralde: “Para que el barro no salpique anda despacio”

En definitiva, Sergio es un boxeador excepcional que, mate a mate, golpe a golpe, con una capacidad innata para creer en lo imposible, fue entrando en ese universo de estrellas y estrellados que es la fama.

Primer round

Nació y creció casi en la marginalidad de Avellaneda, un barrio -más que un barrio, un estado de ánimo- donde perder era muy fácil. Rodeado de miseria (de esa que se te mete dentro de la piel y duele) y de eternos perdedores que se han rendido, que han perdido la ilusión y la esperanza…. 

Pero, una vez más, comprobamos cómo el deporte cambia vidas: su determinación y pasión rompieron las costuras de un destino mediocre asegurado. En un país donde el fútbol es una religión, Sergio pasó una infancia de goles y regates como un delantero prometedor que soñaba con la camiseta de River Plate. Pero también vivió el desarraigo y las mudanzas, siguiendo los distintos derroteros que marcaban los empleos de su padre. 

«La pasaba mal en el barrio donde crecí, los sitios donde me movía. Siempre fui chiquito, blanquito. Yo nunca fui valiente, lo que siempre tuve inteligencia para saber sobrevivir y esquivar la confrontación: cagón le decían en el barrio»

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Adiós a la infancia

La necesidad familiar era tal que Sergio tuvo que abandonar el colegio a los 13 años y entró de un empujón en la edad adulta. Junto a su padre, Hugo Alberto, aprendería varios oficios como soldador, albañil y «luchador» aunque aun con unos matices muy diferentes. Reconoce abiertamente que no sabía lo que era cenar hasta los 14 años.

Sufrí ‘bullying’ en mi barrio, me iba todos los días a casa con más hostias que un obispo. Yo no hablaba casi nunca, me llamaban ‘El mudo’, y me pegaba todo el que quería. Ahora no paro de hablar y las hostias las doy yo (ríe)

Hola al boxeo 

El 27 de abril de 1995 fue un día clave. Después de un partido de fútbol con su equipo el Claypole, se le acercó un ojeador que le propuso una prueba en el equipo de Los Andes -club de la Segunda B argentina- Aquel era su momento y Sergio quiso prepararse a conciencia para la prueba, que tendría lugar el 4 de junio. Un tío suyo,  entrenador de boxeo, le propuso entrenar tres días en su gimnasio. El 2 de mayo entró por primera vez al gimnasio y ya no volvió a salir. 

Su progresión es tan meteórica que tan solo cinco semanas después de ponerse los guantes, ya debutaba como amateur con una indiscutible victoria, demostrando que era un zurdo muy diestro mientras iba  consolidando su estilo de boxear con la guardia baja. Así, junto a su tío y mentor Rubén Paniagua, en pocos meses ganó 16 combates y tuvo su primera oportunidad en Las Vegas ante Antonio Margarito. El resto es historia o, mejor aún, leyenda.

Fue entonces cuando se le bautiza «Maravilla» gracias a una especie de consenso entre su padre, el tío y un periodista especializado en boxeo, Luis Blancou. Ya no sería nunca más Sergio Gabriel Martínez. Marketing puro. 

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Sparring de la vida

Sergio estaba acostumbrado a sobrevivir, ahora le tocaba a su país hacerlo. Argentina se vio «acorralada» en su peor crisis -económica, política y social- que ahogó a las familias y sumió al país en un «sálvese quien pueda» caótico y lamentable. Él cayó por KO y acabó emigrando a Europa.

Aún le quedaban muchos más golpes bajos de la vida por recibir. Pero no tira la toalla: «algún día seré campeón del mundo…»

Mi Buenos Aires querido

Sergio salió de Argentina en 2002, huyendo del «Corralito» con su pareja y 1.800 dólares en el bolsillo. Su objetivo era Madrid, pero una oferta de Aerolíneas Argentinas a Roma -y un error de cálculo geográfico- los llevó a aterrizar a 2.000 km de la capital. Pasaron tres días haciendo trasbordo de un tren a otro, sin apenas dormir, hasta que llegaron exhaustos a la estación madrileña de Chamartín y con la mitad del equipaje. En su cartera encontró el teléfono de un gimnasio de Azuqueca de Henares, Guadalajara.  Allí  estaban Pablo «Hueso» Sarmiento (excampeón IBO peso superligero) y su hermano «Gabi» Gabriel que se convirtió en su entrenador, aunque luego tomó el relevo Pablo (debido a unos asuntos turbios con la justicia para proteger a su otro hermano, Orlando) La relación con los hermanos Sarmiento no acabó bien, pero es justo reconocer que estuvieron allí, en los inicios del campeón. 

«Yo pensé que lo importante era volar a Europa, que luego aquí todo estaría cerca. La realidad es que no tenía ni idea de la distancia entre Roma y Madrid», recuerda el púgil. Salí un sábado y llegué el martes, sin parar de viajar, destrozado del cansancio»

Ocho largos años de pelea burocrática

Pasó ocho años viviendo en España como ilegal con todo lo que eso conlleva: penurias, interminables noches de hambre e insomnio, detenciones por falta de documentación… La vida puso a prueba su resistencia con muchos trabajos temporales, mal pagados y de supervivencia. Como no tenía papeles, le pagaban muy poco y en mano, ni siquiera llegaba para pagar el alquiler, así que muchos domingos tenía que acudir a Cáritas a por alimentos para subsistir. Alguna vez salía algún combate pero, al no tener papeles en regla, era muy complicado participar. 

«Daba clases de boxeo a empresarios, hacía de portero en una discoteca… incluso hice de gogó, bailando en una tarima»

Y así iba pasando la vida, en un piso compartido de Alovera -con un ruso, un ecuatoriano, un rumano y un matrimonio colombiano- donde todos parecían compartir no solo techo sino destino. 

El día en que todo cambió

Sergio «Maravilla» Martínez  ya era campeón de los golpes del destino cuando le llegó su oportunidad. 

Lo inesperado es lo que te cambia la vida. En junio de 2003, mientras todavía dependía de la beneficencia, llegó la llamada que cambiaría su vida. «Me llamaron para combatir en Manchester con Richard Williams, un campeón superwelter inglés. A Williams se le había caído su rival a última hora y buscaron a un welter que tuviera buen record como yo. Me dieron nueve días para prepararme y viajar a Inglaterra, cuando yo no tenía ni dinero ni pasaporte» Sergió «Maravilla» despegó y ya no dejaría de volar. 

«Doy gracias a quienes desde el primer día creyeron en mí, porque me ayudaron a crecer y confiar y también a quienes no creyeron en mí porque me llenaron de fuerza. Los que pusieron piedras en el camino fortalecieron mis pies»

La gran cita

Todos tenemos nuestro día de suerte, el de Sergio Martínez fue el 21 de junio de 2003, cuando ganó a Richard Williams. Fue un combate adrenalítico y vertiginoso donde Sergio se jugaba su futuro. Esa fecha marcó un antes y un después como persona y como deportista. Fue el momento más importante de su vida que su padre pudo ver, orgulloso, desde las gradas, no tenía pasaporte ni medios pero hizo lo imposible por estar allí, apoyando a su hijo. 

«Hacía más de un año que no lo veía, fue lo que necesitaba para sentir la fortaleza y que no se me escapara el título» 

Paradójicamente, aquel también fue el día que sufrió la mayor vergüenza de su vida, en la caída del primer round su mirada ausente y noqueada se cruzó con la de su padre en un providencial entendimiento.

«Se me cayó la cara de vergüenza cuando lo vi. Supe que tenía que cambiar el plan de la pelea: fue el trampolín que necesitaba»

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Una carrera meteórica 

Bajo la dirección de Lou DiBella, Martínez comienza una exitosa carrera americana, peleando en el Bronx, Nueva York, Las Vegas, Connecticut y California. En pocos meses, Sergio logra imponerse ante Russel Jordan, David Toribio, Archak TerMeliksetian y Alex Bunema. La victoria ante éste último el 4 de octubre de 2008 en The Pechanga Resort and Casino en Temecula, California, está considerada como una obra maestra.

Sin duda, 2010 es su mejor año: considerado como el mejor boxeador del año y el número tres en la clasificación del libra por libra, solo por debajo de Manny Pacquiao y Floyd «Money» Mayweather. El 16 de abril se convirtió en campeón mundial del Consejo Mundial de Boxeo y de la organización Mundial de Boxeo en división media al vencer a Kelly Pavlik. Ese mismo año la Fundación Konex le otorgó el Diploma al Mérito reconociéndolo como uno de los 5 mejores boxeadores de la década de la Argentina. El 21 de noviembre en Atlantic City, retuvo el título mundial ante el estadounidense Paul The Punisher Williams, al que derrotó en el segundo asalto con un nocaut, el cual fue reconocido como el mejor del año por la revista The Ring.

Sin mal de altura

«Tuve mi primer cinturón a los 28 años, podría haber dicho: ´ya cumplí´, pero quería otro, y después otro… Tenemos que mejorar lo que ya logramos. Mejorar tu presente»

Lejos de ser un nuevo rico, hortera y prepotente, continua trabajando sin tregua, sabe mejor que nadie que nada se logra sin esfuerzo y humildad para seguir aprendiendo siempre un poco más. Después de cada pelea hace una especie de catarsis, llora mientras se ducha hasta que se desahoga, después come algo dulce y se acuesta a dormir hecho un ovillo.

El “nocaut técnico” del destino 

La pelea en Las Vegas contra Julio César Chávez Jr el 15 de septiembre del 2012 dio mucho de qué hablar antes y después del combate. Casi 20 años después -y en el mismo escenario donde su padre levantó el cinturón mundial de los súper ligeros contra Héctor Camacho-  Julio César se enfrentó a un combate muy igualado. Los dos estuvieron al borde de perder por KO, finalmente el triunfo fue para Sergio por decisión unánime.

Aunque ganó, aquel fue el principio del fin. «Maravilla» se fracturó su mano izquierda en el cuarto asalto pero siguió peleando 9 rounds más. Los golpes empezaban a pasar factura. La pelea ante Miguel Cotto, en la fallida segunda defensa del cinturón mundial, le asestó el golpe definitivo.  Salió de allí más derrotado que nunca. 

Tirar la toalla

El 4 de enero de 2013 llega el diagnóstico. Su rodilla lleva dando problemas un tiempo, la morfina, corticoides ya no alivian…»hay que amputar o vas a morir en unas horas por la infección» Aquello superaba su dureza. Y su capacidad de comprender. Una bacteria hizo que los médicos se plantearan cortarle la pierna derecha para evitar que la infección provocara una septicemia mortal. Sergio tomó entonces una de las decisiones más difíciles de su vida, se sometió a drenajes y a base de morfina, consiguió engañar al dolor. La infección no se extendió pero condenó a Sergio a abandonar su carrera. 

Infelizmente retirado, arranca una vida cómoda, ensofada, centrada en el trabajo en su promotora ‘Maravillabox’ y en sus gimnasios. En cierto sentido aquel diagnóstico sí fue una amputación, la vida, tal y como conocía, acababa de terminar para él.

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Thanks to all, I am retired 

Y el comunicado llegó en forma de tuit: «Gracias por todo, aquí termina una etapa de mi vida. Estoy oficialmente retirado. Hasta la victoria siempre” hizo saber Sergio “Maravilla” Martínez el 14 de junio de 2015 a través de su cuenta de Twitter. No estaba preparado para que el resto de su vida empezara ya, pero las cosas son como son, tanto si te gustan como si no.

Martínez dejaba el boxeo en la cumbre de su carrera, con un récord de profesional en 51-3-2 con 28 nocauts. Pero si en aquel momento hubiera podido pedirle algo a la vida, no lo dudaría: volver al ring.

Llegan los días lentos, fáciles, que ahora transcurren en las franquicias de su cadena de gimnasios Brooklyn Fitboxing. Con Miguel de Pablos, su socio, lanzan la promotora de boxeo Maravillabox. ¿Dónde está el límite entre la tranquilidad y el aburrimiento? Cuando has probado la adrenalina, tu cuerpo te reclama su dosis por muchos años que hayan pasado.

¿Y si…?

Sergio había declarado en varias ocasiones que la vida de campeón son unos minutos y que él lleva una vida sencilla, lejos de ruidos y cenas, en su casa. A veces un libro es la mejor compañía…

«Hay un par de libros que son mi base, pero todo pasa por el conocimiento interior. Brian Weiss, un psiquiatra fue uno de los que más me ayudó a mirar hacia adentro. Me ayudó para conocerme»

La bacteria desapareció milagrosamente después de pasar por unas aguas termales en la provincia argentina de Catamarca. Se va encontrando cada vez mejor y es entonces cuando empieza el run run en su cabeza…¿y sí vuelvo?

Maravilla is back!

Era inevitable. Una vez que sacas al genio de la lámpara, no puedes obligarlo a que vuelva a entrar. 

Sergio ha pasado unos años alejado del ring pero la pasión por su deporte ha podido más. A sus 46 años se encuentra más fuerte y más sabio que nunca, así, lo que comenzó como una broma ha terminado convertido en un desafío personal. No tiene nada más que demostrar pero se merece una despedida a lo grande. Vuelve por él, se lo debe. 

Así, mientras espera su momento de recuperar el trono, se le puede encontrar entrenando cada día en un humilde gimnasio de barrio, el Detroit, que parece anclado en el tiempo (no en vano, su atmósfera de autenticidad sedujo a Garci para usarlo como localización de alguna escena de la mítica «El Crack Cero») Y aun tiene tiempo de atender sus compromisos con la obra «Bengala» en el teatro Luchana, toda una exhibición de boxeo sobre las tablas.

«Hoy tengo un rendimiento físico, técnico y mental muy superior al que tenía a los 35 años. No he estado en un ring en seis años, pero mi cuerpo y mi mente están funcionando de una manera espectacular»

Palmarés de un campeón 

Campeón Mundial Medio The Ring Magazine (2010-2014)
Campeón Mundial Medio WBC (2010-2011, 2012-2014)
Campeón Mundial Medio WBO (2010)
Campeón Mundial Superwelter WBC (2009-2010)
Campeón Mundial Superwelter IBO (2003-2004)

Actualmente Sergio está considerado por la prensa especializada como el mejor boxeador del planeta dentro del Peso Medio, y el uno de los tres mejores del Mundo libra por libra.

Sergio ha confesado en más de una ocasión que no le da demasiada importancia a los diez cinturones mundiales, incluso, ha reconocido que estuvieron perdidos durante un tiempo.

«Durante tres años los perdí. No sabía dónde estaban. Se ve que alguien me los pidió o a alguien les gustaba y se los llevó… Tres años después aparecieron, dejaron los cinturones en la oficina del gimnasio que tengo en Madrid. Y los dejé otro año más ahí. Los traje a Argentina y creo que están en casa de mi madre o de mi hermano. Es parte del recuerdo»

Artículo escrito por Raquel Sánchez Armán

Cofundadora de Helpers Speakers